La sorpresa incómoda – y mi decisión

Escribo este testimonio con la motivación de que, igual que yo fui ayudada de una forma indirecta, otras personas también puedan serlo.

Soy una mujer de 30 años. Mi madre decidió tenerme a pesar de no tener el apoyo de mi padre, aunque ya tenía otro hijo y sus circunstancias familiares no eran las más favorables. He de decir que mi padre cuando tenía unos 4 años decidió conocerme y hoy en día tenemos una muy buena relación.

Debido a la situación de mis padres siempre tuve muy claro lo que quería en cuanto a una pareja, después de varios años de noviazgo y de haber esperado por el hombre que considero que era el que Dios tenía preparado para mí. Decidimos casarnos, como dos profesionales que pudimos llegar a ser, teníamos muchas expectativas de futuro. Mi padre siempre me decía que su deseo era que ejerciese mi carrera unos años antes de dedicarme a tener hijos. Los padres de mi esposo por su parte deseaban que su hijo tuviese un trabajo estable para poder formar una familia.

Cual fue nuestra sorpresa cuando después de tres meses casados y con muchos planes de futuro en el ámbito profesional, nos dimos cuenta de que seriamos padres.

Ninguno de los dos se sentía capaz de afrontar la paternidad en ese momento, por lo que lo primero que hicimos fue ir al médico para ver como podíamos hacer para abortar, tuvimos que estar varios días en un periodo de reflexión (Así nos lo propusieron en la seguridad social)

Durante ese tiempo poco a poco fui asimilando la realidad de lo que es una vida, pensé en la valentía de mi madre, y como había afrontado su situación. También recordé una charla que unos 3 años antes nos habían dado como jóvenes por parte del ministerio de SIFRA, en la que hablaban de las secuelas psicológicas que dejaba un aborto en la mujer y como afectaba también a la pareja. Recordé la historia de un matrimonio que siempre se preguntaban cómo sería su hijo si finalmente hubiesen decidido tenerlo. Solo me quedaba orar a Dios que nos cambiará la perspectiva y el corazón, En los días que nos quedaban de reflexión yo sabía que nuestro matrimonio se rompería si seguíamos adelante con esa decisión. Y así fue, un día mi esposo se puso frente a mí y mirándome a los ojos me dijo: Vamos a tenerlo, que alivio sentí en mi alma, porque para ese entonces yo también quería tenerlo.

He de decir que desde entonces ya no juzgo a una persona que pasa por un aborto. Siempre pienso que el aborto es algo que esta condicionado a la vulnerabilidad en la que nos encontramos en dicho momento, a que muchas veces buscamos el momento oportuno para cada decisión de nuestra vida. Todo esto añadido al estigma social y familiar, junto a la falta de información acerca del mismo. Ojalá toda mujer pueda tener la opción de decidir sin presión a cerca del fruto de su vientre. Nadie quiere defraudar a los suyos ni mucho menos traer una vida a este mundo a sufrir, pero Dios es fiel.

Kelly

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